Alemania reparte pastillas de yodo por miedo a un incidente nuclear en Bélgica

ROSALÍA SÁNCHEZ

 

La central nuclear de Tihange presenta más de 3.000 grietas, algunas de hasta 2 centímetros.

Los vecinos de Aquisgrán, ciudad alemana de 250.000 habitantes y fronteriza con Bélgica, pueden retirar esta mañana de las farmacias sus primeras cajas gratuitas de pastillas de yodo. Las autoridades han decidido tomar esta medida como prevención, ante la posibilidad de un accidente en la central nuclear en la planta belga de Tihange, la más antigua de ese país y ubicada a solo 70 kilómetros del centro ciudad de Aquisgrán. La ingesta de tabletas de yodo satura la glándula tiroides con yodo no radiactivo e impide, en caso de fuga nuclear, la absorción de yodo radiactivo, por lo que ayuda a prevenir el cáncer de tiroides. Todos los habitantes menores de 45 años, así como mujeres embarazadas o madres en periodo de lactancia, pueden solicitar su receta por internet y obtener cajas con al menos 20 dosis de 65 miligramos que deberán administrarse solamente en caso de incidencia o cuando las autoridades lo recomienden. El plazo para solicitar la receta es de tres meses, pero todas las farmacias de Aquisgrán, así como otras en pequeños municipios cercanos han recibido ya suministro para comenzar el reparto.

La central nuclear de Tihange es propiedad de la empresa Electrabel y constituye el 52% de la capacidad de generación de energía nuclear belga. En funcionamiento desde 1975, ha sido ya objeto de varias alertas de seguridad, como cuando en 2012 se encontraron fisuras en sus reactores, al igual que en la central de Doel, que habían dado lugar a ciertos errores de funcionamiento. El portavoz de la compañía, Serge Dauby, terminó atribuyendo esos «daños» a «errores de producción» y precisó que se trataba de «señales debidas al hidrógeno, no fisuras». La clausura final de Tihange y Doel estaba planeada para 2015, pero la Asociación Federal de Control Nuclear belga ha dado permiso para que funcionen durante diez años más, hasta que cumplan 50. El estado federado alemán de Renania del Norte-Westfalia presentó querella en febrero de 2016 ante el máximo tribunal administrativo de Bélgica.

Los ciudadanos alemanes que viven en la zona fronteriza llevan cinco años movilizándose en acciones de protesta, exigiendo su cierre, alarmados por estudios como los publicados por el Instituto de Seguridad y Riesgos de Viena, que mencionan más de 3.000 pequeñas grietas, algunas de hasta 2 centímetros de largo, que generan una peligrosidad «incalculable», en palabras de Wolfgang Renneberg, ex gestor del organismo de supervisión en Alemania y profesor del ISR.

«Ahora además se suma a esa situación de riesgo el peligro yihadista», señala Helmut Etschenberg, jefe regional de la plataforma Stop Tihange-Doel, que este verano ha organizado una cadena humana hasta la central nuclear pidiendo su cierre en la que participaron 50.000 personas y que considera la amenaza terrorista como un argumento más a favor de la eliminación de estas dos plantas nucleares. Tras los atentados de París y en el transcurso de las posteriores investigaciones, aparecieron en uno de los pisos relacionados con la célula yihadista autora de los ataques varias grabaciones de conversaciones telefónicas en las que se escuchaba la voz de uno de los agentes de seguridad de la planta nuclear. Había sido grabado por los terroristas mientras estaba en su casa, lo que indicaba actividades de vigilancia y seguimiento a personal de seguridad de la central. Algunos medios belgas, además, han establecido conexiones entre el fallo en el reactor que tuvo lugar en 2014 en Tihange 2 con un posible ataque terrorista, que derivó en una fuga de aceite que paró en seco las turbinas del reactor. Esas supuestas conexiones han sido negadas por las autoridades belgas.

Tras los atentados en Bruselas, por otra parte, uno de los guardas de seguridad apareció asesinado y su tarjeta de identificación, que daba pleno acceso a la central, no fue encontrada, por lo que se inhabilitaron todas las tarjetas del personal de la central y se procedió a su sustitución. El diario estadounidense New York Times denunció la «vulnerabilidad» de las centrales belgas y publicó material que probaba el interés de Daesh en estas plantas.

El alcalde de Aquisgrán, el cristianodemócrata Marcel Philipp, insiste en la necesidad de no crear alarma social injustificada, pero ha reconocido un «alto riesgo» en la situación. Informáticos de la región han creado una iniciativa en red para establecer estaciones de vigilancia independientes que miden el nivel de radiaciones para detectar cualquier aumento significativo en fase temprana.

De todos modos, en el hipotético caso de un accidente nuclear, las pastillas de yodo servirían únicamente de mínima ayuda, según han reconocido los bomberos en jornadas informativas en las que la población ha recibido instrucciones sobre qué hacer en caso de incidente nuclar, y las asociaciones de consumidores alemanas advierten sobre sus graves efectos secundarios. En los mayores de 45 años, los riesgos de los efectos secundarios de esas pastillas son superiores al riesgo de sufrir cáncer de tiroides, por lo que se les ha excluido del reparto.

 

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