LA LENGUA A PUNTO
POR

-Roger Vilain-
X: @rvilain1
La otra vez escribí sobre las lenguas y dije que no pueden denotar a rajatabla. Hoy me da por suponer que exista una capaz de expresar al pelo cuanto se nos antoja.
Comunicar, si a ver vamos, pasaría por esto: decir lo que deseas pero decirlo por completo, verbigracia, manifestar eso que guardas allá adentro porque dispones de palabras para hacerlo. No se trata de que te aproximes; se trata de dar en el blanco, de no errar jamás el tiro.
Se me ocurre plantear el asunto a partir de una doble perspectiva. La primera, por supuesto, es la que a todos nos toca, es la realidad concreta cuyo peso nos aplasta día a día, no otra que hacer uso de la lengua echando mano de nuestras posibilidades. Deseo expresar A pero no alcanzo, así que me conformo con llegarle cerca. Quiero decir rojo, pero no cualquier rojo, de modo que pronuncio entonces rojo y se acabó, ya veremos, habrá que averiguar qué percibiste acerca de su intensidad o de su brillo.
Nada nuevo por ahora. Cada quien vive liado -gato con bola de estambre- entre lo que pretende afirmar y lo que alcanza. Luego, la perspectiva dos que aludí arriba implica un uso de la lengua con practicidad a toda prueba. Poner la bala donde pones el ojo, déjame anunciarlo claramente. Es la lengua que denota a fondo, que proclama al cien por cien lo que quisiste formular, la que despacha complicaciones de sentido y genera muchas otras cuyo atisbo de existencia pone los pelos de punta.
Sumo y sigo: tal segunda perspectiva, que sospecho ya la vas asimilando, es una bendición y una tragedia. ¿Bendición?, imagina una lengua que lo dice todo sin lugar a equívocos. Si tu anhelo es revelar este o aquel rojo, este o aquel rojo ven la luz gracias al término perfecto. Una lengua, para escribirlo de una vez, capaz de exteriorizar el universo sin matices, sin gradiente a la hora de ejercer denotación y sin fallas en eso que los especialistas dieron en llamar campo semántico.
¿Tragedia?, mira qué cosas. Piensa un poco y respóndeme después. Con el hemisferio izquierdo del cerebro haciéndole cosquillas a esa lengua estarías frente a una productora de salchichas, concebida a imagen y semejanza de la perfección. Palabras embutidas listas para atinar, para desechar ambigüedad o extrañamiento y cerrada la cuestión. ¿Es esto una lengua? ¿Existirá alguna así? ¿Podrá darse en el futuro para reinar en los cielos de la significación?
Las lenguas llevan el pulso de lo objetivo y subjetivo. De ahí que opinar, proponer o aseverar con plena exactitud no cabe nunca por completo en una frase o un tratado. Y qué prodigio semejante realidad. Una lengua, si expresa al pelo lo que se nos antoja, va a resultar un peligro en su totalidad, lo que se dice una bomba de relojería. Con ella haciendo de las suyas, ¿existiría la poesía?, ¿adiós arte que te apagaste?, ¿hasta nunca la literatura?, ¿connotación, si te he visto ni me acuerdo?
Yo dejo las cosas como están. Fíjate que un kilo de estopa y un kilo de palabras guardan parecidos innegables, con la ventaja de que bienvenido sea el segundo. Y subrayo: bienvenido sea el segundo.







