Las personas más inteligentes tienen mayor probabilidad de juzgar mal a los demás

 

Las habilidades cognitivas superiores pueden traer consecuencias negativas, como crear con demasiada facilidad patrones para aprender y aplicar estereotipos sociales.

No lo puedes evitar, conoces a alguien y enseguida analizas su forma de expresarse, lo que dice y cómo va vestido. Por un lado pensarás que es algo natural, lo malo es cuando las etiquetas aparecen tan rápido que no das lugar a conocer un poco mejor a la otra persona.

Según un estudio de la universidad de Nueva York, las personas más inteligentes son más propensas y susceptibles a juzgar a la gente basándose en estereotipos. Aunque pueda sonar como una contradicción, aquellos con mayor capacidad intelectual son más rápidos a la hora de aprender y detectar los patrones de los estereotipos y basar sus decisiones sobre ellos.

 

Podría considerase como un sistema de protección que les ayuda a decidir en quién pueden confiar. No obstante, eso no quita que a veces su radar pueda estar equivocado. Aún así, que no cunda el pánico, pues estos individuos al ser tan inteligentes no tienen problema en renovar la información y cambiar sus ideas sobre los estereotipos con la misma rapidez que los adquirieron.

David Lick, autor principal del estudio, asegura que las habilidades cognitivas superiores siempre están asociadas con resultados positivos, como el logro académico y la movilidad social, pero también pueden acarrear consecuencias negativas, como crear con demasiada facilidad patrones para aprender y aplicar estereotipos sociales.

«Según un estudio, las personas más inteligentes son más propensas y susceptibles a juzgar a la gente basándose en estereotipos, pues son más rápidos en aprender y detectar patrones”

En el estudio participaron 1.257 voluntarios a los que se les mostró una serie de caras masculinas creadas digitalmente y acompañadas de una descripción del comportamiento pasado, positivo o negativo. Los investigadores manipularon las caras, de manera que aquellos con narices más anchas estuviesen asociados a rasgos negativos y los de nariz más estrecha con positivos. Después se les pidió que escogiesen en quién confiarían.

Como conclusión hallaron que los participantes que obtuvieron puntuaciones más altas en la detección de patrones, también eran más propensos a asociar la nariz más ancha con rasgos negativos y por tanto, mostraron desconfianza en aquellos rostros que presentasen esta estructura facial.

Otro trabajo relacionado con el tema, afirma que la codificación e integración de patrones percibidos o mentalmente fabricados influye en la toma de decisiones. De hecho, fue esta característica crucial de la inteligencia humana la que contribuyó en gran parte a la evolución de nuestros cerebros, no obstante, no es infalible. Por ello, aunque sea muy útil para la vida, no dejes de dar una segunda oportunidad a las personas más allá de una primera impresión.

Fuente: lavanguardia.com

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