Mantener a una mascota, una ardua tarea por la crisis
Alexandra Sucre
Con su partida, Victoria se propuso ayudar desde la distancia y así mermar el vacío económico que significaba su ausencia. Destinó 30 euros a sus padres, un ingreso suficiente al cambio, para los gastos del hogar y también de las mascotas. Pero el plan de echar una mano se hizo cuesta arriba cuando desde el viejo continente la hiperinflación de Venezuela le comenzó a pegar.









El ingreso de sus padres se resume en una pensión que no les alcanza para mucho y, aunque sus hijos le colaboren con el gasto, en momentos se vuelve imposible. “El alpiste está demasiado caro. El último que se compró costó cuatro millones, solamente dos kilos”, asevera Figueroa. A las aves les ha tocado también ser parte del ‘resuelve’: cuando en la casa no hay arroz, “les damos la masa cruda de las arepas”. El padre de Paola también baja hasta la avenida y “recoge hasta cinco mazorcas de las que están en el suelo” para dárselas como alimento.