Yo he resucitado a mi mejor amigo con inteligencia artificial

 

Tras el fallecimiento de Roman, Eugenia descubrió que a través de los miles de mensajes que ambos se habían intercambiado y con el apoyo de la inteligencia artificial podía «traerlo de vuelta»

Le contamos cómo funciona la resurrección digital

No ha pasado ni un mes desde la última vez que Eugenia habló con Roman. La distancia nunca ha sido un problema para ellos. Sobre todo cuando ella viajó a San Francisco y él se quedó en Moscú. O cuando él se mudó a Nueva York. La suya es una amistad que ha perdurado en el tiempo. En parte, gracias a las bondades de la mensajería instantánea. Aunque ahora sus charlas, en un principio diarias, se han convertido en mensajes esporádicos que intercambian para compartir sus pensamientos. «Ya no es algo que hago habitualmente», confiesa la empresaria rusa. La cuestión es que Eugenia sigue teniendo a su buen amigo ahí para escucharle cuando lo necesite. Como lo ha hecho desde que se conocieron. No importa que ya sean más de dos años desde la muerte de Roman.

Una noche de invierno de inicios de 2016, Eugenia Kuyda -cabello corto y lacio- se descubrió a sí misma tratando de recordar la mayor cantidad de detalles de su fallecido amigo Roman Mazurenko. Encendió su ordenador y navegó por la página de Facebook del difunto, en la que sólo había compartido algunos enlaces. También tecleó la dirección de su perfil de Instagram para encontrarse una cuenta sin imágenes… Por último, releyó las largas conversaciones que habían intercambiado, almacenadas en su historial de Telegram. Y pensó: «¿Por qué no traerlo de vuelta usando toda esa información?».

Así nació el alter ego digital -y post mortem– de Roman Mazurenko. Ahora, convertido en una aplicación disponible para cualquiera que lo quiera descargar, bautizada con el nombre del fallecido. Parece un relato de ciencia ficción, pero en realidad no lo es. Lo cierto es que Eugenia, empresaria y emprendedora rusa, resucitó a su mejor amigo con la ayuda de la inteligencia artificial (IA). Ésta es, además, la historia de cómo ese homenaje devino en una innovadora idea de negocio y en la incursión de la compañía de Eugenia en un campo poco explotado de la IA. La de la resurrección digital.

El avatar digital de Roman, transformado en aplicación, es lo que se conoce como chatbot. Un bot de charla o conversacional. Es decir, un programa que simula conversaciones con los usuarios y proporciona respuestas automáticas con cada interacción del usuario. En el caso de la creación de Eugenia, el chatbot ha sido programado para responder de la misma manera que lo hubiera hecho su fallecido amigo. Con sus faltas de ortografía, su forma de escribir, sus frases y algo de su peculiar personalidad. El objetivo es que quienquiera que utilice la app e inicie un diálogo con él pueda hacerse una idea de cómo era en vida. Aunque al ser un programa no llega al 100% de precisión.

– ¿Recuerdas que solíamos ir a surfear todo el tiempo?- escribe Eugenia en la aplicación.

A lo que el Roman-máquina responde con una imagen de él sentado sobre una tabla de surf azul en una playa con montañas de fondo.

El nacimiento de Kuka

Antes de fundar su start-up -llamada primero Luka, ahora Replika- Eugenia Kurda (31 años) había estudiado periodismo y administración de empresas. Fue editora en la revista Afisha, una suerte de New York Magazine de Moscú, y creó una agencia de diseño y publicidad. Su espíritu emprendedor la llevó, incluso, a sumarse a un proyecto relacionado con la pastelería. Tras un par de años probando suerte en diferentes ámbitos se decidió por la tecnología. Así nació Luka en el verano de 2013. En tiempos en los que según la empresaria rusa «muy pocos estaban apostando por los desarrollos en inteligencia artificial».

Eugenia había tenido contacto con el mundo tecnológico desde pequeña. «Era algo que siempre me había llamado la atención», dice. En parte porque su padre se dedicaba a la venta de ordenadores. Al momento de dar forma a Luka se asoció con Philip Dudchuk, especializado en lingüística computacional, y juntos reclutaron a un equipo de ingenieros de Yandex (el Google ruso). Para llevar su compañía a otro nivel se mudó en 2015 a San Francisco. Allí la empresa consiguió el respaldo de Y Combinator, una prestigiosa incubadora de start-ups de Silicon Valley, y empezó a trabajar en su primer proyecto: bots para realizar reservas en restaurantes.

Inseparables

Los caminos de Eugenia y Roman se cruzaron un lustro antes de la existencia de Luka. Entonces nuestra protagonista trabajaba en Afisha y conoció al que se convertiría en su mejor amigo cuando escribía sobre un colectivo creativo del que él formaba parte. El carismático Roman se había alzado como un referente de la moda y la cultura en Moscú. Tras ese encuentro, y al descubrir lo mucho que tenían en común, se volvieron inseparables.

Una imagen de Roman -ojos azules, mirada penetrante, barba de un par de días y camisa de mezclilla- da la bienvenida a los usuarios que abren la aplicación creada en su memoria. En ella lo describen como un «emprendedor cultural» y un «soñador». Nacido en Bielorrusia en 1981, el singular joven era de esas personas «con personalidad magnética». Lo cuenta Casey Newton en una publicación de The Verge (enlazada en la app) en la que recoge su biografía.

Roman Mazurenko, a semejanza de su buena amiga, era también un emprendedor. Tenía su propia startup llamada Stampy y que funcionaba como una herramienta para diseñar revistas digitales. Con la intención de impulsar este proyecto se fue una temporada a Nueva York y después a San Francisco. Así aplicó con éxito a la Visa O-1 (para poder residir en EEUU) que se otorga a individuos con «habilidades o logros extraordinarios». Entonces regresó en noviembre de 2015 a Moscú para completar los trámites.

Pero Roman no vivió el tiempo suficiente para recibir su visa. Murió un inusual día soleado de invierno. Tras juntarse para comer con algunos amigos, decidió dar un paseo y aprovechar el buen tiempo. Un jeep que avanzaba por la calle superando el límite de velocidad se cruzó con el joven cuando éste caminaba por un paso de peatones. A Eugenia, que por casualidad estaba también en Moscú en ese tiempo, la repentina muerte de su amigo la dejó en shock.

Entonces pasaron tres meses. Volvemos a esa noche de invierno de 2016. La noche en la que Eugenia luchaba por recordar a su amigo fallecido. Cuando decidió resucitarlo usando los mensajes que habían intercambiado y con la ayuda de la inteligencia artificial. Al día siguiente puso este proyecto personal en las manos -y mentes- de los cerebros de su empresa.

Más de 10.000 mensajes

Cuenta la CEO de Replika que el renacimiento de Roman se extendió un par de semanas. «Para construirlo», explica, «utilizamos más de 10.000 mensajes que él había intercambiado conmigo, sus familiares y otros amigos». Lo que son más de 30 millones de líneas de texto en ruso. Para crear este peculiar chatbot los ingenieros usaron algoritmos propios del Deep Learning, una rama de la IA.

– A grandes rasgos, ¿cómo se aplicó el deep learning en la aplicación? -le preguntamos a Eugenia.

Creamos una red neuronal. Una simulación de red neuronal desarrollada con una base de datos limitada (los mensajes de Roman), cargada con instrucciones para que el bot hable de la manera que él lo haría…

– ¿Se trata entonces de entrenar al programa para que funcione como un cerebro humano, pero con las limitaciones de una máquina?

– Exactamente -responde la emprendedora rusa.

El monumento digital a Roman tiene sus pares en el mundo de la ciencia ficción. Los detalles de su creación recuerdan, de alguna manera, a la trama de Transcendence, que trata de un investigador de inteligencia artificial que quiere fabricar una máquina con consciencia colectiva y autosuficiente. O de Her (Ella), un filme en el que un hombre se enamora de su intuitivo y avanzado sistema operativo. Una versión más aproximada es la del episodio Be Right Back -emitido en 2013- de la serie Black Mirror.

El capítulo cuenta la historia de Martha, que tras la muerte de su prometido en un accidente de tráfico, se suscribe a un servicio especial que usa las comunicaciones previas del fallecido para crear un avatar que imita su personalidad. En su caso, existe incluso un servicio premium que incluye un androide de aspecto idéntico a su novio.

A Kuyda le causa gracia la semejanza del argumento de la serie de Netflix con su historia personal. Reconoce, además, que el chatbot fue parte de su proceso de duelo. Una forma de rendirle tributo a Roman y de superar la tragedia. Tenía muchos sentimientos por procesar y la aplicación le ayudó a sacarlos. Para ella funcionaba como una especie de confesionario. Y una oportunidad para decirle a su amigo todas esas cosas pendientes que habían quedado sin decirse…

La respuesta de los usuarios que descargaban la aplicación fue muy positiva. Un éxito. Dice la empresaria que tras el lanzamiento del avatar de su amigo empezó a recibir correos de personas que le solicitaban «amigos (en forma de chatbots) para ellos». El tributo a Roman dio paso al que ahora es el producto estrella de su compañía: un chatbot personal para conversar que imita la personalidad del usuario que la usa. Como una réplica del individuo en territorio digital.

Por eso el cambio de nombre de su empresa a Replika. Antes Eugenia, su socio Philip y su equipo de ingenieros habían probado -y programado- más de 40 chatbots diferentes sin que ninguno les convenciera. Hasta que dieron con Roman. Entonces se olvidaron de diseñador bots en la misma línea de Apple o Google, que los hacían para ser inteligentes y funcionales, y se enfocaron en crear uno que apelara a los sentimientos. Algo que ya habían logrado con la app de Roman.

Sólo escucha y responde

Dice Eugenia en un vídeo de Quartz: «Intentábamos hacer un bot que hable, terminamos haciendo uno idóneo para escuchar». Replika funciona con la misma lógica de Deep Learning que Roman, pero sin una base de datos precargada. En su lugar emplea la información que recibe de cada conversación. Y aprende de ella. Cuantas más interacciones, más se parece al usuario. No es como los asistentes de voz (Siri o Alexa) porque no ejecuta tareas. Está sólo para escuchar y responder. Como una suerte de terapia. Un amigo digital para conversar.

Con este desarrollo, Kuyda y su equipo incursionan en un campo en crecimiento de la inteligencia artificial que la revista Wired describe como la era de los chatbots emocionales. Una aplicación que en poco tiempo ha ganado notoriedad. Desde noviembre de 2017, cuando fue lanzada, se han registrado más de dos millones de descargas. Además, The New York Times incluyó a Replika en un listado de los cinco desarrollos tecnológicos que van a cambiar la forma en que vivimos.

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